Salgo de Barcelona en AVE a Madrid para coger un avión que me llevará a Santiago de Chile. Mi primer vuelo transatlántico. Mientras sobrevuelo los andes me olvido de lo incómodo que ha sido dormir y viajar en ese avión. Me olvido porque esta ameneciendo y el espectáculo es precioso, vale la pena.
Santiago de Chile es una ciudad enorme, muy grande, inmensa. Las distancias se dilatan, todo se alarga, hay que hacer cálculos de tiempo para desplazarse y ser puntual a las reuniones programadas.
El metro es aquel que de pequeño me fascinó en París. Tiene ruedas neumáticas.
Santiago es una ciudad con muchos habitantes. Unos tres millones en lo que es la ciudad pero su arco metropolitano debe tener unos seis millones.
La ciudad tiene un aspecto descuidado, casi decadente. Pero hay una movida cultural muy interesante para revitalizar ciertas partes, ciertos barrios.
En las afueras hay bastantes barrios de autoconstrucción. Me da la sensación de estar en una ciudad "patchwork"… cada parte de la ciudad tiene sus diferencias con la de al lado. Una ciudad que ofrece varias caras.
