Legué a Berlin en tren desde Leipzig. Tenía poco tiempo para estar en la ciudad, más o menos cuatro horas. Me hacía mucha ilusión visitar la ciudad. Era una asignatura pendiente en mi lista de viajes y actualmente lo continua siendo.
Llegué pues, a Berlin Hauptbahnhof, una estación moderna, gigante, de cristal, espectacular. Los trenes entran des de todas direcciones en diferentes pisos, realmente alucinante. Bajé del tren y empecé a buscar la consigna para dejar el trolley y seguir con la mochila. Después de dar unas vueltas las encontré bastante ocultas en el sótano 1 de acceso al párking. Por 3 euros confié en la seguridad de dejar mi ropa y los regalos para la familia a buen recaudo. Cogí la llave y me la puse en el mismo bolsillo en el que llevaba la cámara de fotos (atentos a este gesto).

Estación de tren en Berlin
Con una mochila pequeña, una coca-cola y la cámara salí a conocer Berlín. Llovía.
No llevaba conmigo ningún mapa. Mi iphone podía costar un ojo de la cara si conectaba Googlemaps. Eché un vistazo rápido a un mapa en un OPI a las afueras de la estación. Busqué referencias visuales, la torre de comunicaciones que se encontraba entre niebla y lluvia, y hacia allí dirigí mis pasos.
Crucé el río. Poco a poco fue apareciendo ante mi el Bundestag. Me quedé patitieso. Llevaba el ipod con música, Riverside un grupo polaco de prog-rock del bueno. Música, lluvia, soledad, Berlín… una combinación extrema para mi estado de ánimo. Acabó afectándome, empecé a ponerme triste a media que iba caminando y el frío me calaba.

Una leyenda...
Delante del Bundestag me dí cuenta que había perdido la llave de la taquilla. Mi cabeza empezó a dar vueltas… seguramente cayó al sacar la cámara… Volví sobre mis pasos y enseguida encontré la llave. Fue un alivio. Me encaminé a la puerta de Brandemburgo. Ahora ya sabía que me dirigía al lado este de la ciudad. Mi imaginario me asaltó de repente, todo se tornó en blanco y negro, busqué en mi ipod el disco “Stationary traveller” de Camel, ambientado en postguerra seguí adelante. Mi tristeza crecía y dejaba de llover. La ciudad se preparaba para la navidad.
Andar, sólo quería andar y fotografiar. Me sorprendí al ver que el este de Berlín ya no es “tan” el este de mis recuerdos. Llegar a Postdammer Platz es un paseo entre las tiendas más caras que he visto nunca. Seguí caminando intentando orientarme. Vi realmente poco de la ciudad, apenas tres horas de paseo. Volvía a llover. Estaba lejos de la estación. Triste, helado de frío, me apetecía un te. Volví a recoger la maleta y me senté en una cafetería de la estación a tomar el te y escribir. El frío disminuyó.

Lluvia y frío
Cuando subí al andén a buscar el tren a Breme ya era de noche, estaba seguro que no vería nada desde la ventanilla del tren.
Fue una viaje extraño. Hasta Hannover en un tren decente, moderno, de allí a Breme en uno muy distinto, viejo, antiguo, destartalado.
