un blog de viajes a algún sitio

Lo extraño de realizar conferencias, ponencias, presentaciones y participar en charlas es que esto te lleva siempre a lugares que nunca hubieras visitado. En esta oportunidad fue a Tenerife en el marco del Mercado Atlántico de Creación Contemporánea (MACC).

... y yo con estos pelos!

... y yo con estos pelos!


Tengo un relación amor/odio con los congresos en los que se habla de “alta cultura” desde una posición pretendidamente modesta. En la que hay personas que destacan (como Chiu Longina) o te aburren soberanamente porque siempre se cuenta lo mismo y de la misma manera.
Gemma me mira con atención.

Gemma me mira con atención.


Tenerife es una isla en medio del Atlántico. Tiene fama de ser turística. Tiene el Teide, esa montaña mítica que me conecta con mi adolescencia y la canción de Mike Oldfield “Mount Teide”, del disco “Five Miles Out”.
No tuve tiempo de ver mucho, como siempre pasa en estos casos. El tiempo para disfrutar en estos casos queda limitado a los ratos de las comidas, cenas y noches. Me encanta pasear a la deriva, sin ningún rumbo fijo, es la mejor manera de captar el sentir del lugar en el que estás.
El evento en el que participaba, junto a mi compañera Gemma, se hacía en el gran auditorio que Calatrava ideó en Santa Cruz al lado del puerto de la Candelaria. La arquitectura es muy gaudiniana. Un Gaudí moderno crecido en los tiempos actuales.
El auditorio

El auditorio


En líneas generales Santa Cruz no me gustó salvo la zona antigua que me encantó. El resto es una urbe moderna con edificios grandes, cemento y cristal, que se expande a lo largo de la costa. me quedé con las ganas de visitar los barrios de los cerros ya que a simple vista me recordó mucho a Valparaíso.
Recuerdos de Valparaíso.

Recuerdos de Valparaíso.


La parte antigua me encantó, ya lo he dicho, semi bien conservada, con un toque profundo de arquitectura colonial, casas bajas, color, ventanas, calor de barrio.
Pudimos encontrar rincones dónde cenar y comer absolutamente out de los circuitos turísticos. Como cenar en una pequeña casita azul, en la que se entra casi por la cocina y tiene apenas seis mesas, algo íntimo, familiar. Te sirven con amor y atención a escala humana. “Pon las papas arrugás con los tollos que sino se enfrian y no sirven pa ná.” me dijo la señora que nos sirvió.
Cena en el Bodegón "El Puntero"
El último día antes de coger al avión de vuelta a Barcelona comimos en un resturante genial que estaba repartido por varias casas, con diferentes plantas, habitaciones… “La Hierbita” creo que se llamaba.

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La vuelta a la Alemania del este ha sido por Leipzig. Hace dos años estuve en Dresde y ya pude captar el sentir de una gente y un país increíble. Siempre será el “Este” para mi, soy de la generación del muro, de la Alemania dividida, RFA y RDA.
Volver ha sido encontrarme de nuevo con los contrastes.
En Drede se notaba mucho más la arquitectura de cariz soviético-comunista. Calles amplias, edificios de hormigón sin balcones. Frialdad.
Leipzig, en cambio, me contrasta y me sorprende. El centro histórico está muy bien conservado, en Dresde andan con intención de ir recuperando. Se nota en las dos ciudades un esfuerzo enorme de recuperación histórica. Un ejercicio de memoria para salvar los años grises detrás del telón de acero.
En Leipzig si te alejas del Citycenter el entorno va cambiando paulatinamente hacia una tristeza urbanística que se extiende des de las aceras hasta las fachadas de los edificios.
En Leipzig hay mucho abandono. Edificios y calles completamente abandonadas.

Contrastes...

Contrastes...


Produce una extraña sensación caminar por calles casi desiertas de personas y coches, ver casas enteras cerradas dónde no vive nadie. Algún edificio aislado se ve con algo de vida, la fachada arreglada o recuperada, un coche aparcado… contenedores…
Contrastes entre casas habitadas y casas vacías

Contrastes entre casas habitadas y casas vacías


No hay ocupación de espacios vacios porque no hay gente. Creo que muchos han emigrado internamente a zonas del oeste a la búsqueda de más posibilidades.
Hay ejercicios de gentrificación con una dudosa necesidad de modernización.
Esto es parte de los viajes que hay en los proyectos europeos, el contacto con realidades diferentes. Las reuniones las hacíamos en un centro de negocios de aluminio supermoderno pegadito al barrio vacio. Era algo que emergía de la nostalgia de un Leipzig antiguo. Pero toda esta modernidad insertada no es cálida. Contrasta con el edificio de al lado con sus galerías preciosas hechas de madera totalmente y ajadas, atacadas por la intemperie.
Me quedé con esa imagen. La imagen que guardaré de una Alemania que sigue estando detrás del telón de acero y su gente lucha por borrarlo de sus mentes.

Hacía 23 años que no iba a Sevilla. Esto es mucho tiempo. Mi percepción de la ciudad estaba totalmente rodeada de brumas, olvidos y ajustes manipulados por el tiempo. Nada se parecía a lo que recordaba.
Podría escribir sobre la vida de una ciudad a lo largo de los años, haciendo un recorrido de investigación casi antropológico, para explicar mis sensaciones; como cambia su configuración urbana, sus edificios, sus calles y con todo esto la gente. pero no voy a hacer eso. No es mi propósito.
He ido a Sevilla a participar en un congreso sobre educación expandida con los zemos98.

Rubén - zemos98

Rubén - zemos98


Di la última ponencia. Eso significa que por mucho que te hayas preparado, tu discurso debe modificarse ya que hay que tener en cuenta los temas que se explican o se debaten en las conferencias y espacios previos. Es un proceso que yo, particularmente, vivo con mucha tensión. Al final creo que salió bien, decente, podía haberme esforzado y dar un poco más.
El Simposio fue una experiencia casi religiosa. He asistido a decenas de congresos, seminarios, jornadas, algunas con un rol más participativo en otras como simple oyente pasivo. Nunca había estado en un simposio tan bien hecho, tan bien organizado, tan dinámico. Me deshago en elogios porqué disfruté y aprendí mucho. Fue enriquecedor. Un ambiente absolutamente productivo. Además la compañía ayudó.
Pasar una semana en Sevilla ha sido genial, me he reencontrado con una ciudad que conocía/desconocía.
Calle Estrellita Castro

Calle Estrellita Castro


Sus calles, su vida, su comida… creo que engordé. Conozco diversos bares donde hacen unas tapas geniales. Una cultura gastronómica y de relación social muy distinta a la de Barcelona. Anoté muchas cosas en mi cuaderno de campo.
Están construyendo en medio de la ciudad una estructura horrible que nadie entiende. En un plaza, dos estructuras elevadas, que casi chocan con los edificios colindantes, se erigen de forma extraña y amenazante. Es una aberración arquitectónica. Rompe la ciudad, la fractura.
Me dí cuenta que la semana santa está presente en todos los rincones de la ciudad. Se va paralizando poco a poco a dos semanas de celebrarse. Los nombres de las calles son muy significativos: calle del Jesús de las tres caídas. Las tiendas adornan sus aparadores con motivos religiosos.
Me encantó Sevilla. Volveré, y no es una amenaza.