Llego a Bremen ciudad de cuento en tren desde Berlín. En una semana que empezó en Leipzig y acaba con los músicos.

Los músicos de Bremen
Llego de noche, solo y no tengo plano para llegar al hotel, la única referencia es que está muy cerca de la estación. Empiezo a andar por intuición creyendo que voy bien encarado. Al rato, diez minutos de andar bajo el frío y traquetear las ruedas del trolley por las aceras, veo que me he equivocado. Estoy andando más de la cuenta. Ya la he vuelto a hacer. Hace frío y mi día en Berlín me ha dejado removido. Me doy cuenta porque me he alejado de la estación, y lo que eran unas calles de centro de la ciudad se han ido convirtiendo en algo más periférico. De las casas altas hemos pasado a casas más bien bajas blancas, bares turcos y menos tranvías. No me siento inseguro, pero ir arrastrando el trolley es como llevar un anuncio luminoso de “eh! estoy más perdido…”. Encuentro una parada de taxis con uno libre, le indico que hotel busco y arranca en menos de dos minutos estoy en el hall del hotel haciendo cola para el check-in.
En fin, otra demostración de mis ganas de perderme por una ciudad. De ir a la deriva sin quererlo. Muy cerca de la estación, una calle, pasé por delante del hotel sin darme cuenta. Ahora instalado espero que lleguen mis compañeros que vienen con retraso de Amsterdam.
A la mañana siguiente nuestras sesiones de trabajo se desarrollan sin incidencias destacables en las aulas del sindicato socialista alemán. Seguía haciendo frío. Hay amenaza de nieve.
A las 3:30 ya oscurece y a las 4:30 ya es de noche, que tristeza vivir aquí. Es media hora después que salimos del trabajo a conocer la ciudad y claro está es una visión de Bremen sesgada por la nocturnidad y la alevosía. Corremos al centro histórico que es precioso y digno de ver. Hay que visitar la estatua dedicada a los músicos del cuento, ved la foto más arriba.
Paseamos hay poca gente por el citycenter que ha sido reconvertido en mega centro comercial abierto. Volvemos al hotel para cenar con el grupo multinacional. Es una cena divertida. Belgas, franceses, suizos, congoleses, spanish, alemanes…
Al día siguiente, salimos de desayunar a trabajar ya con la maleta pues nos vamos directos al aeropuerto después de comer. Sólo poner el pie en la calle empieza a nevar.

Saliendo por la mañana y nevando
Transcurre la mañana con la ilusión de ver nevar mientras trabajamos. Nos encargan un vídeo entrevista sobre el proyecto que estamos desarrollando en Barcelona, decidimos hacerlo directamente en el aeropuerto. Después de comer en el restaurante del hotel Intercity en la estación de tren, cogimos un taxi para el aeropuerto.
Confiados con nuestro check-in en la mano pasamos los controles rígidos de la policía alemana. Son verdaderos controladores, inhumanos, inflexibles, no sonríen. Esperando nuestro vuelo nos íbamos a dedicar a grabar el vídeo para el proyecto. Deberes que se asumen por irse antes de lo previsto. Nos gusta llegar pronto a casa. Además, yo llevaba una semana en Alemania (Leipzig – Berlin – Bremen) y ya tocaba volver. Aún me sentía afectado por el día pasado en Berlín. En el momento de coger la cámara para jugar mientras redactábamos un guión decente, en la pantalla de embarque aparece un mensaje en alemán al lado de nuestro vuelo. Mi compañero Joan lo hace traducir a una persona que tenía al lado y oh! sorpresa… vuelo cancelado! Nos movemos con rapidez y salimos al mostrador de Air France, con esta compañía volábamos hasta Schipol y de allí a Barcelona. Nos pegamos a la cola de personas con cara de susto. En la cola acabamos el guión en castellano y su traducción al francés y enseñamos a Anna (la maestra de español para extranjeros que nos acompañaba) unos rudimentos de francés para que fuera creíble en el vídeo, ella no tenía ni lo mínimo. Le dimos unas simples reglas, estrechar y lanzar el morro hacia adelante, nasear enes y emes.
Mientras entendimos que iban recolocando a los pasajeros en otros vuelos combinados hasta sus destinos finales. Nos explicaron que el aeropuerto de Schipol estaba cerrado debido al mal tiempo que afectaba a todo el centrooeste de Europa. La misma que esa mañana nos había deleitado con la nieve.
Nos colocaron en un vuelo de Lufthansa vía Munich a Barcelona. Tuvimos que volver a pasar por el control exigente de acceso a las puertas. Esta vez el desodorante de Joan se quedó en el bidón de confiscados, no sin antes montar un pequeño bollo “spanish-style” de quejas, cabreos y alegaciones que no sirvieron de nada ante la intransigencia alemana. El mismo desodorante había pasado los controles de Barcelona y del propio aeropuerto de Bremen en el fallido intento anterior.
Esperando el embarque grabamos el vídeo buscando diferentes localizaciones aeroportuarias para entrevistar a Anna. empecé a editarlo justo antes de embarcar, continué editándolo mientras volábamos a Munich. Lo acabé a tiempo de guardar el laptop de las sacudidas por el mal tiempo. No, no me gusta moverme en los aviones.
En el aeropuerto de Munich me agarré a una wifi y subí el vídeo a youtube y lo incrusté en la wiki del proyecto. No me gusta llevarme deberes a casa cuando es fácil hacerlos. A Anna le salió una pronunciación bastante aceptable aunque con algún deje anglosajón. Aquí el vídeo para que lo entendáis…
Llegamos a Barcelona con media hora de retraso sobre el horario previsto. Fin de mi periplo alemán.




