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Llego a Bremen ciudad de cuento en tren desde Berlín. En una semana que empezó en Leipzig y acaba con los músicos.

Los músicos de Bremen

Los músicos de Bremen

Llego de noche, solo y no tengo plano para llegar al hotel, la única referencia es que está muy cerca de la estación. Empiezo a andar por intuición creyendo que voy bien encarado. Al rato, diez minutos de andar bajo el frío y traquetear las ruedas del trolley por las aceras, veo que me he equivocado. Estoy andando más de la cuenta. Ya la he vuelto a hacer. Hace frío y mi día en Berlín me ha dejado removido. Me doy cuenta porque me he alejado de la estación, y lo que eran unas calles de centro de la ciudad se han ido convirtiendo en algo más periférico. De las casas altas hemos pasado a casas más bien bajas blancas, bares turcos y menos tranvías. No me siento inseguro, pero ir arrastrando el trolley es como llevar un anuncio luminoso de “eh! estoy más perdido…”. Encuentro una parada de taxis con uno libre, le indico que hotel busco y arranca en menos de dos minutos estoy en el hall del hotel haciendo cola para el check-in.

En fin, otra demostración de mis ganas de perderme por una ciudad. De ir a la deriva sin quererlo. Muy cerca de la estación, una calle, pasé por delante del hotel sin darme cuenta. Ahora instalado espero que lleguen mis compañeros que vienen con retraso de Amsterdam.

A la mañana siguiente nuestras sesiones de trabajo se desarrollan sin incidencias destacables en las aulas del sindicato socialista alemán. Seguía haciendo frío. Hay amenaza de nieve.

A las 3:30 ya oscurece y a las 4:30 ya es de noche, que tristeza vivir aquí. Es media hora después que salimos del trabajo a conocer la ciudad y claro está es una visión de Bremen sesgada por la nocturnidad y la alevosía. Corremos al centro histórico que es precioso y digno de ver. Hay que visitar la estatua dedicada a los músicos del cuento, ved la foto más arriba.

Paseamos hay poca gente por el citycenter que ha sido reconvertido en mega centro comercial abierto. Volvemos al hotel para cenar con el grupo multinacional. Es una cena divertida. Belgas, franceses, suizos, congoleses, spanish, alemanes…

Al día siguiente, salimos de desayunar a trabajar ya con la maleta pues nos vamos directos al aeropuerto después de comer. Sólo poner el pie en la calle empieza a nevar.

Saliendo por la mañana y nevando

Saliendo por la mañana y nevando

Transcurre la mañana con la ilusión de ver nevar mientras trabajamos. Nos encargan un vídeo entrevista sobre el proyecto que estamos desarrollando en Barcelona, decidimos hacerlo directamente en el aeropuerto. Después de comer en el restaurante del hotel Intercity en la estación de tren, cogimos un taxi para el aeropuerto.

Confiados con nuestro check-in en la mano pasamos los controles rígidos de la policía alemana. Son verdaderos controladores, inhumanos, inflexibles, no sonríen. Esperando nuestro vuelo nos íbamos a dedicar a grabar el vídeo para el proyecto. Deberes que se asumen por irse antes de lo previsto. Nos gusta llegar pronto a casa. Además, yo llevaba una semana en Alemania (LeipzigBerlin – Bremen) y ya tocaba volver. Aún me sentía afectado por el día pasado en Berlín. En el momento de coger la cámara para jugar mientras redactábamos un guión decente, en la pantalla de embarque aparece un mensaje en alemán al lado de nuestro vuelo. Mi compañero Joan lo hace traducir a una persona que tenía al lado y oh! sorpresa… vuelo cancelado! Nos movemos con rapidez y salimos al mostrador de Air France, con esta compañía volábamos hasta Schipol y de allí a Barcelona. Nos pegamos a la cola de personas con cara de susto. En la cola acabamos el guión en castellano y su traducción al francés y enseñamos a Anna (la maestra de español para extranjeros que nos acompañaba) unos rudimentos de francés para que fuera creíble en el vídeo, ella no tenía ni lo mínimo. Le dimos unas simples reglas, estrechar y lanzar el morro hacia adelante, nasear enes y emes.

Mientras entendimos que iban recolocando a los pasajeros en otros vuelos combinados hasta sus destinos finales. Nos explicaron que el aeropuerto de Schipol estaba cerrado debido al mal tiempo que afectaba a todo el centrooeste de Europa. La misma que esa mañana nos había deleitado con la nieve.

Nos colocaron en un vuelo de Lufthansa vía Munich a Barcelona. Tuvimos que volver a pasar por el control exigente de acceso a las puertas. Esta vez el desodorante de Joan se quedó en el bidón de confiscados, no sin antes montar un pequeño bollo “spanish-style” de quejas, cabreos y alegaciones que no sirvieron de nada ante la intransigencia alemana. El mismo desodorante había pasado los controles de Barcelona y del propio aeropuerto de Bremen en el fallido intento anterior.

Esperando el embarque grabamos el vídeo buscando diferentes localizaciones aeroportuarias para entrevistar a Anna. empecé a editarlo justo antes de embarcar, continué editándolo mientras volábamos a Munich. Lo acabé a tiempo de guardar el laptop de las sacudidas por el mal tiempo. No, no me gusta moverme en los aviones.

En el aeropuerto de Munich me agarré a una wifi y subí el vídeo a youtube y lo incrusté en la wiki del proyecto. No me gusta llevarme deberes a casa cuando es fácil hacerlos. A Anna le salió una pronunciación bastante aceptable aunque con algún deje anglosajón. Aquí el vídeo para que lo entendáis…

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Llegamos a Barcelona con media hora de retraso sobre el horario previsto. Fin de mi periplo alemán.

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Legué a Berlin en tren desde Leipzig. Tenía poco tiempo para estar en la ciudad, más o menos cuatro horas. Me hacía mucha ilusión visitar la ciudad. Era una asignatura pendiente en mi lista de viajes y actualmente lo continua siendo.

Llegué pues, a Berlin Hauptbahnhof, una estación moderna, gigante, de cristal, espectacular. Los trenes entran des de todas direcciones en diferentes pisos, realmente alucinante. Bajé del tren y empecé a buscar la consigna para dejar el trolley y seguir con la mochila. Después de dar unas vueltas las encontré bastante ocultas en el sótano 1 de acceso al párking. Por 3 euros confié en la seguridad de dejar mi ropa y los regalos para la familia a buen recaudo. Cogí la llave y me la puse en el mismo bolsillo en el que llevaba la cámara de fotos (atentos a este gesto).

Estación de tren en Berlin

Estación de tren en Berlin

Con una mochila pequeña, una coca-cola y la cámara salí a conocer Berlín. Llovía.

No llevaba conmigo ningún mapa. Mi iphone podía costar un ojo de la cara si conectaba Googlemaps. Eché un vistazo rápido a un mapa en un OPI a las afueras de la estación. Busqué referencias visuales, la torre de comunicaciones que se encontraba entre niebla y lluvia, y hacia allí dirigí mis pasos.

Crucé el río. Poco a poco fue apareciendo ante mi el Bundestag. Me quedé patitieso. Llevaba el ipod con música, Riverside un grupo polaco de prog-rock del bueno. Música, lluvia, soledad, Berlín… una combinación extrema para mi estado de ánimo. Acabó afectándome, empecé a ponerme triste a media que iba caminando y el frío me calaba.

Una leyenda...

Una leyenda...

Delante del Bundestag me dí cuenta que había perdido la llave de la taquilla. Mi cabeza empezó a dar vueltas… seguramente cayó al sacar la cámara… Volví sobre mis pasos y enseguida encontré la llave. Fue un alivio. Me encaminé a la puerta de Brandemburgo. Ahora ya sabía que me dirigía al lado este de la ciudad. Mi imaginario me asaltó de repente, todo se tornó en blanco y negro, busqué en mi ipod el disco “Stationary traveller” de Camel, ambientado en postguerra seguí adelante. Mi tristeza crecía y dejaba de llover. La ciudad se preparaba para la navidad.

Andar, sólo quería andar y fotografiar. Me sorprendí al ver que el este de Berlín ya no es “tan” el este de mis recuerdos. Llegar a Postdammer Platz es un paseo entre las tiendas más caras que he visto nunca. Seguí caminando intentando orientarme. Vi realmente poco de la ciudad, apenas tres horas de paseo. Volvía a llover. Estaba lejos de la estación. Triste, helado de frío, me apetecía un te. Volví a recoger la maleta y me senté en una cafetería de la estación a tomar el te y escribir. El frío disminuyó.

Lluvia y frío

Lluvia y frío

Cuando subí al andén a buscar el tren a Breme ya era de noche, estaba seguro que no vería nada desde la ventanilla del tren.

Fue una viaje extraño. Hasta Hannover en un tren decente, moderno, de allí a Breme en uno muy distinto, viejo, antiguo, destartalado.

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A lo largo de 2008 y 2009 he estado viajando casi una vez por mes a Alicante. El trabajo tiene estas cosas, te ofrece la oportunidad de poner calles, casas y personas a la imaginación.

Hace 20 años conocí a un chico de Cruz Roja de Alicante, congeniamos a lo largo de nuestra estancia formativa. El día que nos despedimos me escribió en un libro de poesía que estaba leyendo una frase que resultó ser toda una premonición: “Alicante te espera”. Todo el poder de esa sentencia no ha cobrado su máxima dimensión hasta ahora. Puedo decir que conozco Alicante y que a lo largo de los próximos meses profundizaré más.

Alicnate de noche

Alicante de noche

Me han pasado cosas en los aeropuertos que costarían de creer. (No quiero ponerme como Rutger Hauer en Blade Runner… pero podría!). Confirmar con la Interpol si soy un asesino portorriqueño en Eslovenia, o correr por los controles policiales en casi todos los aeropuertos, Schipol, Fiumicino, Frankfurt… porque pierdo los enlaces.

Nada parecido a lo que me ha pasado en Maitequía (Aeropuerto Internacional que da servicio a Caracas, Venezuela). Llegado de Isla de Margarita ya he notado que había mucho control militar, cosa que cuando llegué el lunes no vi tan patente. A las cinco de la tarde he entrado al aeropuerto después de conseguir mi billete para Madrid en una cola de una hora y pagar las tasas aeroportuarias unos 138 Bolivares Fuertes. He entrado por la aduana e inmigración, en menos de 8 metros he pasado las maletas por dos controles de rayos x y un señor me ha sellado mi pasaporte conforme salía del país. He paseado por las tiendas, enviado sms, me he comido un hotdog, he escrito, he escuchado música, he estado sentado… en fin, la vida normal que hace una persona cuando está en un aeropuerto unas tres horas.

Antes de llamar para el embarque nos han invitado ha hacer cola para checkear el pasaporte y ponerle una etiqueta amarilla. Después hemos hecho cola para embarcar, según el código de los preferentes primero, los de las filas de cola después. Un personaje importante del país viajaba en ese vuelo, entró el primero con su família sin nada más que abrazos por parte de un capitoste militar que después desapareció. Creo que esto motivó lo que quiero explicar a continuación.

Pasado el control del billete, ya feliz bajas hacia el finger para entrar al avión. La sorpresa, un control militar a medio camino, que nos ha obligado a ponernos hombres a un lado y mujeres al otro. Algo que me ha parecido raro. En la medida que la cola ha ido avanzando me he dado cuenta que era un control militar en toda regla. Los milicos bolivarianos. Te revisaban, cacheaban y tocaban sin pudor y pedían de nuevo el pasaporte y hacían preguntas del estilo:

- ¿Viaja solo? – si

- ¿Cuantos días ha estado en Venezuela? – seis

- ¿Dónde ha estado? – en Margarita

- ¿Que ha venido a hacer? – dictar un curso de gestión cultural, profesor…

- ¿Qué? – conferencista…

- ¿De que trabaja? – soy Gestor Cultural.

Silencio… gracias a mis respuestas he sido apartado de la cola a un grupo de unas cinco personas, sin mediar ninguna explicación. Éramos tres venezolanos, entre ellos una señora y dos españoles, uno de canarias. Al comentar entre nosotros de forma rápida, me doy cuenta que los cinco, viajamos solos (como muchos otros), vestimos informal (franelas – camisetas). Los ánimos de algunos se exaltan. Se dice que hay discriminación, que es un ultraje… La actitud de la guardia nacional bolivariana roza el tono chulesco. Lo que me hace ver por primera vez que mis manos están temblando, el pasaporte se mueve más de lo necesario en mis dedos.

Nuestra sorpresa sigue en aumento cuando subido todo el mundo al avión nos hacen volver a la terminal. El enfado es general, estamos indigandos y pedimos explicaciones de nuevo. Es en ese momento que me doy cuenta de que todos los militares son muy jóvenes, todos deben rondar los veinte o veintipocos. Me dirijo a la responsable de la compañía aerea para decirle que “estoy muy enfadado, como pierda el avión…” se entera (aunque no se muy bien que hubiera hecho…), la mujer con cara de susto me dice que no lo perderé. Uno de nosotros, un hombre alto de unos sesenta años muy moreno con el pelo lleno de trencitas afro hace el intento de llamar a un general conocido suyo, pero no sirve de nada, es totalmente infructuoso. Andamos escoltados por siete militares hasta la zona de aduna, y es cuando nos dicen que vamos a pasar un control antidroga, un escaner.

Mi temor más interno no es perder el avión ya que han asegurado que no se va sin nosotros, o pasar algún tipo de interrogatorio, mi temor es la juventud de todos los componentes de este grupo de control. Tienen una actitud de seguridad que roza lo irrespetuoso y la media sonrisa de sorna me paraliza.

Al final sin solución de continuidad pasamos por el escaner de rayos x uno a uno, se nos identifica y guarda digitalmente y firmamos analógicamente en un libro rojo conforme hemos dado negativo. Es un escaneado para saber si llevas droga dentro de tu cuerpo. Después quedas libre para volver al avión. Alguno de nosotros se seguia quejando, un chico venezolano, que se movió en el momento del escaneo y que increpó al que parecía que estaba al mando y controlaba el aparato. Este se le rebota y empieza al estilo taxi driver… “me está amenazando…? me está amenazando…?” subiendo el tono de voz. Situación muy tensa que se acaba con la claudicación del chico volviendo a pasar por el escaner.

El hombre de sesenta años les espeta a todos antes de irse “no estropeéis la revolución!”. Los ánimos se calman, pero el chico ofuscado se queda el último porque, evidentemente le van a revisar la bolsa de mano que lleva hasta el forro como premio.

El avión sale con media hora de retraso. Me siento en mi asiento del avión muy enfadado por la situación, poco a poco me voy calmando. El mundo es diferente he de aprender la lección, hay normas extrañas que rigen otros procesos que no puedes controlar. Aunque, si llevaras droga dentro del cuerpo podías pasar sin ser detectado… el problema no estaba en los pasajeros que habíamos entrado en la terminal, el problema está fuera… en las calles venezolanas, eso, ese control fue una cortina de humo.

Lo extraño de realizar conferencias, ponencias, presentaciones y participar en charlas es que esto te lleva siempre a lugares que nunca hubieras visitado. En esta oportunidad fue a Tenerife en el marco del Mercado Atlántico de Creación Contemporánea (MACC).

... y yo con estos pelos!

... y yo con estos pelos!


Tengo un relación amor/odio con los congresos en los que se habla de “alta cultura” desde una posición pretendidamente modesta. En la que hay personas que destacan (como Chiu Longina) o te aburren soberanamente porque siempre se cuenta lo mismo y de la misma manera.
Gemma me mira con atención.

Gemma me mira con atención.


Tenerife es una isla en medio del Atlántico. Tiene fama de ser turística. Tiene el Teide, esa montaña mítica que me conecta con mi adolescencia y la canción de Mike Oldfield “Mount Teide”, del disco “Five Miles Out”.
No tuve tiempo de ver mucho, como siempre pasa en estos casos. El tiempo para disfrutar en estos casos queda limitado a los ratos de las comidas, cenas y noches. Me encanta pasear a la deriva, sin ningún rumbo fijo, es la mejor manera de captar el sentir del lugar en el que estás.
El evento en el que participaba, junto a mi compañera Gemma, se hacía en el gran auditorio que Calatrava ideó en Santa Cruz al lado del puerto de la Candelaria. La arquitectura es muy gaudiniana. Un Gaudí moderno crecido en los tiempos actuales.
El auditorio

El auditorio


En líneas generales Santa Cruz no me gustó salvo la zona antigua que me encantó. El resto es una urbe moderna con edificios grandes, cemento y cristal, que se expande a lo largo de la costa. me quedé con las ganas de visitar los barrios de los cerros ya que a simple vista me recordó mucho a Valparaíso.
Recuerdos de Valparaíso.

Recuerdos de Valparaíso.


La parte antigua me encantó, ya lo he dicho, semi bien conservada, con un toque profundo de arquitectura colonial, casas bajas, color, ventanas, calor de barrio.
Pudimos encontrar rincones dónde cenar y comer absolutamente out de los circuitos turísticos. Como cenar en una pequeña casita azul, en la que se entra casi por la cocina y tiene apenas seis mesas, algo íntimo, familiar. Te sirven con amor y atención a escala humana. “Pon las papas arrugás con los tollos que sino se enfrian y no sirven pa ná.” me dijo la señora que nos sirvió.
Cena en el Bodegón "El Puntero"
El último día antes de coger al avión de vuelta a Barcelona comimos en un resturante genial que estaba repartido por varias casas, con diferentes plantas, habitaciones… “La Hierbita” creo que se llamaba.

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La vuelta a la Alemania del este ha sido por Leipzig. Hace dos años estuve en Dresde y ya pude captar el sentir de una gente y un país increíble. Siempre será el “Este” para mi, soy de la generación del muro, de la Alemania dividida, RFA y RDA.
Volver ha sido encontrarme de nuevo con los contrastes.
En Drede se notaba mucho más la arquitectura de cariz soviético-comunista. Calles amplias, edificios de hormigón sin balcones. Frialdad.
Leipzig, en cambio, me contrasta y me sorprende. El centro histórico está muy bien conservado, en Dresde andan con intención de ir recuperando. Se nota en las dos ciudades un esfuerzo enorme de recuperación histórica. Un ejercicio de memoria para salvar los años grises detrás del telón de acero.
En Leipzig si te alejas del Citycenter el entorno va cambiando paulatinamente hacia una tristeza urbanística que se extiende des de las aceras hasta las fachadas de los edificios.
En Leipzig hay mucho abandono. Edificios y calles completamente abandonadas.

Contrastes...

Contrastes...


Produce una extraña sensación caminar por calles casi desiertas de personas y coches, ver casas enteras cerradas dónde no vive nadie. Algún edificio aislado se ve con algo de vida, la fachada arreglada o recuperada, un coche aparcado… contenedores…
Contrastes entre casas habitadas y casas vacías

Contrastes entre casas habitadas y casas vacías


No hay ocupación de espacios vacios porque no hay gente. Creo que muchos han emigrado internamente a zonas del oeste a la búsqueda de más posibilidades.
Hay ejercicios de gentrificación con una dudosa necesidad de modernización.
Esto es parte de los viajes que hay en los proyectos europeos, el contacto con realidades diferentes. Las reuniones las hacíamos en un centro de negocios de aluminio supermoderno pegadito al barrio vacio. Era algo que emergía de la nostalgia de un Leipzig antiguo. Pero toda esta modernidad insertada no es cálida. Contrasta con el edificio de al lado con sus galerías preciosas hechas de madera totalmente y ajadas, atacadas por la intemperie.
Me quedé con esa imagen. La imagen que guardaré de una Alemania que sigue estando detrás del telón de acero y su gente lucha por borrarlo de sus mentes.

Hacía 23 años que no iba a Sevilla. Esto es mucho tiempo. Mi percepción de la ciudad estaba totalmente rodeada de brumas, olvidos y ajustes manipulados por el tiempo. Nada se parecía a lo que recordaba.
Podría escribir sobre la vida de una ciudad a lo largo de los años, haciendo un recorrido de investigación casi antropológico, para explicar mis sensaciones; como cambia su configuración urbana, sus edificios, sus calles y con todo esto la gente. pero no voy a hacer eso. No es mi propósito.
He ido a Sevilla a participar en un congreso sobre educación expandida con los zemos98.

Rubén - zemos98

Rubén - zemos98


Di la última ponencia. Eso significa que por mucho que te hayas preparado, tu discurso debe modificarse ya que hay que tener en cuenta los temas que se explican o se debaten en las conferencias y espacios previos. Es un proceso que yo, particularmente, vivo con mucha tensión. Al final creo que salió bien, decente, podía haberme esforzado y dar un poco más.
El Simposio fue una experiencia casi religiosa. He asistido a decenas de congresos, seminarios, jornadas, algunas con un rol más participativo en otras como simple oyente pasivo. Nunca había estado en un simposio tan bien hecho, tan bien organizado, tan dinámico. Me deshago en elogios porqué disfruté y aprendí mucho. Fue enriquecedor. Un ambiente absolutamente productivo. Además la compañía ayudó.
Pasar una semana en Sevilla ha sido genial, me he reencontrado con una ciudad que conocía/desconocía.
Calle Estrellita Castro

Calle Estrellita Castro


Sus calles, su vida, su comida… creo que engordé. Conozco diversos bares donde hacen unas tapas geniales. Una cultura gastronómica y de relación social muy distinta a la de Barcelona. Anoté muchas cosas en mi cuaderno de campo.
Están construyendo en medio de la ciudad una estructura horrible que nadie entiende. En un plaza, dos estructuras elevadas, que casi chocan con los edificios colindantes, se erigen de forma extraña y amenazante. Es una aberración arquitectónica. Rompe la ciudad, la fractura.
Me dí cuenta que la semana santa está presente en todos los rincones de la ciudad. Se va paralizando poco a poco a dos semanas de celebrarse. Los nombres de las calles son muy significativos: calle del Jesús de las tres caídas. Las tiendas adornan sus aparadores con motivos religiosos.
Me encantó Sevilla. Volveré, y no es una amenaza.

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Hace tiempo que no hago un viaje de más de un día. Tengo necesidad de hacerlo, me encuentro vacío si no lo hago. Ahora se acercan un par de interesantes. Me dejaré llevar por el momento.

En Buenos Aires había quedado para hacer el freaky y jugar unas partidas de othello con colegas de allí, vamos algo habitual entre los jugadores de este inestimable juego japonés. Pero hablando con Daniel, mi contraparte, decidimos dejarlo para otra ocasión. El se encontraba a hora y media de mi hotel (eran las nueve de la noche) y yo debía levantarme a las 3:30 de la madrugada para coger el avión para Recife. Así que se frustró mi velada. Nuestro vuelo salía a las seis y llegar a Ezeiza es como mínimo una odisea de una hora.

Como cuando la llegada, usamos el servicio de transfer del hotel. Nos despedimos de Buenos Aires haciendo un café en el aeropuerto. Ni tango, ni bandoneón, ni madres del pañuelo blanco… frío y lluvia. Tengo que volver.

Cogimos el vuelo a Recife pensando que sería un vuelo directo, pero no! Resulta que era un avión-autobús. Al despegar desayunamos comida de avión, es decir, algo de color amarillento indefinido dentro de un otro algo en forma de panecillo o al menos lo intentaba. Aterrizamos en Sao
Paulo, del que sólo vimos el aeropuerto, bajó pasaje, subió pasaje. Al despegar desayunamos comida de avión, es decir, algo de color
amarillento indefinido dentro de un otro algo en forma de panecillo o al menos lo intentaba. Aterrizamos en Salvador de Bahía, del que sólo vimos que el paisaje empezaba a ser diferente, como con más palmeras. Bajó pasaje, subió pasaje, cada vez eramos menos dentro del avión. Al despegar desayunamos comida de avión, es decir, algo de color amarillento indefinido dentro de un otro algo en forma de panecillo o al menos lo intentaba, por tercera vez!!!

Plaza central del Recife antiguo

Plaza central del Recife antiguo

Al final llegamos a Recife, según nos habían avisado la ciudad más peligrosa de Brasil… superando Sao Paulo y Rio… Tanto Pep (mi compañero durante todo el viaje) como yo, estábamos agotados, queríamos que se acabara pronto y volver a casa. Nos enfrentábamos a dar un curso sobre modelos de gestión en cultura, arte y nuevas tecnologías, dentro del programa de la semana das artes visuais de Recife.

En el aeropuerto nos esperaba nuestra asistente durante esos días, Greisy Kelly y un taxi personal. Sus padres siguiendo la inestimable tradición de poner nombres "de oído" le pusieron el nombre de la recordada actriz. Pero tal como les sonaba en el momento de inscribirla en el registro. La chica sólo quería que la llamáramos Kelly…

Durante esos cuatro días en Brasil, todo lo que vi eran contrastes. Muchos. Una enorme diferencia social. Y también vi mucho miedo. Mucho! No nos dejaron ni un momento, siempre fuimos acompañados a todas partes. Salíamos de la Pousada con el de seguridad hasta la puerta del taxi, a unos cinco metros. Dábamos el curso en la parte vieja de la ciudad, en un centro cultural, alrededor teníamos un mercadillo al aire libre que se extendía por una área enorme, gigantesco. De todo se podía encontrar, la base de una economía sumergida a flote e importatísima.

Las diferencias sociales eran patentes en todas partes… grandes edificios bien vigilados al lado de zonas de barracas, pegados pared con pared. No paseamos en ningún momento solos. Nosotros lo pedíamos, la gente nos decía si estábamos locos… creo que lo comenté… tienen un contador de asesinatos en medio de la ciudad, el 9 de setiembre a las 19 horas había 9 asesinados en lo que se llevaba de día, 91 en lo que se llevaba de mes… a unos 10 diarios!!!

Favelas en el rio

Favelas en el rio

En ningún momento tuvimos sensación de inseguridad, ni vimos malas caras ni actitudes amenazantes ni nada… sólo gente muy pobre… sobreviviendo…

Dimos el curso a gestores culturales, algunas con síndrome de funcionarias, otras más activas. Salió todo bien. El curso fue genial, éramos tres, Pep y yo y un invitado que decidimos nosotros, Ricardo Ribemboim director de una empresa de gestao cultural de Sao Paulo (Base7), megasuperconectado y con mucho dinero. Nos hizo de cicerone. Nos llevó a los mejores restaurantes de Recife, nos llevó a inauguraciones de galerías, museos… nos conectó con artistas, con políticos… nos
trataron súper bien. Ese hombre es una máquina.

Fuimos al restaurante "e", el más caro, el más in… de todo recife, el cocinero trabajó con Ferran Adrià (alguien lo conoce a este?)… camaroes con arroz rojo y salsa funghi… pétalos de rosa en la pica de lavarse las manos del lavabo… 
Estuvimos en una creperia, dentro de un recinto vallado y vigilado, dónde había otros dos restaurantes… se podía cenar tranquilo… Hay gente que va a buscar a sus hijos al cole con una persona con pistola que la acompaña "por si acaso"…
Si, mucho high en Recife… hasta que una de las alumnas del curso nos dice: "ya esta bien de ver lo mejor… también tenéis que ver lo peor". Nos propuso ir a visitar una favela de
las más desestructuradas para ver un proyecto de unos chicos que habían hecho un estudio de grabación de música en una barraca. Bien, creo que fue lo más impactante y emocionante de todo el viaje, la hora y media que estuvimos allí. Quedamos con Queca (el alma matter del proyecto) fuera de la favela. Nos salió a buscar. La chica que nos acompañaba estaba paralizada por el miedo, ella hasta hacía un año había estado trabajando como dinamizadora cultural en esa comunidad y tuvo que dejarlo por amenazas de los traficantes. Volver le ponía los pelos de punta, tenía mucho miedo.
Entramos con dos coches, ya nos habían advertido que o lleváramos ni gafas de sol, ni bambas, ni relojes, ni anillos, nada… que llamara la atención… yo iba con las sandalias de verano. Llevé a cámara de fotos pequeña en el bolsillo porque se disimulaba dentro de la mano, y con los chicos que nos acompañaban no debíamos temer nada.

Barraca estudio de grabación

Barraca estudio de grabación



Des de dónde dejamos los coches hasta la barraca anduvimos unos cinco minutos. Hacía muchos años que no veía tanta miseria. Mucha. Es muy fuerte. lo primero que vimos un niño de unos quince años travestido… niños pequeños de unos cuatro años corriendo
descalzos y sucios por encima de la basura que era la base del suelo que pisábamos. La favela esta construida encima de una zona de
manglares, un pequeño río cruza las autoconstrucciones… este río en gran parte es sólido de la basura que acumula. En algunas partes ardía. El olor era insoportable.

Un rincón de la favela

Un rincón de la favela



El proyecto es impresionante, esos chicos luchan contra el crac y los mierdas que llevan tanta droga a golpe de música… low-tech y grabaciones, hasta se hacen sus propios videoclips (OS MAGNATAS DA BEIRA-MAR)… me regalaron unas grabaciones… impresionantes!

La tecnología que sirve para grabar la música, duplicar los cd, etc...

La tecnología que sirve para grabar la música, duplicar los cd, etc...



Vi un colibrí entre tanta miseria.
Volvimos al coche y ya el espectáculo cobró dimensiones dantescas… la favela estaba en plena ebullición de trabajo, entraban carros cargados de basura que recogían por las calles de Recife, y allí mismo la
seleccionaban, parte iba a seguir alimentando el suelo, otra al montón del plástico, otra al montón de comestible, otra con el montón de
restos… otros arreglando y soldando nuevos carros que serán tirados por niños de 11 a 14 años… en lo que se puede llamar esquina unos vendiendo crac y otros esnifando… la gente estaba trabajando…

Salimos de allí con el alma en los pies… y directos al hotel a buscar las maletas para ir al aeropuerto y coger el avión que haciendo escala en Lisboa nos dejaría en Barcelona a media mañana del día siguiente…

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Chile tiene una característica extraña, al menos des de la óptica de mi occidentalismo exacervado… tiene lo que llaman "cafés con piernas", són cafeterias dónde los hombres entran a tomar café, en algunos de pie sin mesas, otros con mesas, sillas y hasta reservados… bien, se trata de cafés con acceso público, muchos muy abiertos (puertas, cristaleras…) dónde básicamente te atienden camareras justitas de ropa, o con la ropa muy ajustada… a veces a parte del café también te dan conversación… van a comisión claaaarooo! 10.000 pesos por una visita al reservado… no… no lo probé pero recordad que yo no iba sólo…

Valparaíso tiene una tradición musical enorme. Antes de que el canal de panamá estuviera abierto los barcos iban por el estrecho de magallanes, que es una especie de laberinto peligrosísimo… los marineros lo cruzaban apretando los esfínteres con incesante tensión y Valparaíso era el puerto al que llegaban si lograban pasar, ya con todo destensado les salía cantar canciones de amor a Valparaíso… ahora hay concursos de rock de canciones a Valpo.

Volví a Santiago en autobús el jueves ya que el viernes 5 de setiembre cogíamos otro avión. Acumulando conocimiento y emociones pasé la noche en el mismo hotel al que llegué. El viernes nos levantamos para coger un avión hacia Buenos Aires… miiiii buenos aaaaairessss queriiiidooooo (a ritmo de tango).

Llegamos a Ezeiza dónde nos esperaba un chófer para llevarnos al hotel. Estuvimos una hora para llegar, diossss que caos circulatorio la Avenida Callao… BsAs es una ciudad sorprendente, muy, pero que muy occidental, giraba una esquina y creía estar en Madrid, ahora la otra esquina y era Paris, ahora por el otro lado y se parecía a Barcelona…
La lástima és que estuvimos muy poco tiempo, hacía mucho frío (5 grados), llovía… pero pudimos ver muchas cosas… calle corrientes,
plaza de mayo, casa rosada, el puerto, recoleta, la tumba de evita, el partido argentina-paraguay en un bar, librerias de viejo, un teatro
convertido en libreria dónde la gente puede coger libros y sentarse a leerlos (sin comprarlos) en cualquier palco… ver el cartel del
estreno (ese mismo dia!!!!) del último espectáculo de Les Luthiers – Lutherapia…

Cenamos con unos artistas-arquitectos geniales, en un asador criollo, entre tres nos metimos un variado para cuatro personas… tremenda noche la que pasé!!! el bife, la morcilla, las costillas… uffff!!

A la mañana siguiente la experiencia más emocionante de todo el viaje me esperaba en el hall del hotel. Había quedado a través de mi madre con su prima hermana. Una señora de 75 años que hace 55 emigró con sus padres a BsAs huyendo de la represión de sindicalistas por parte del franquismo. Des de pequeño siempre había soñado que si alguna vez iba allí quería conocer a esta mujer. La historia siempre a rondado en las tertúlias familiares post-comidas de domingo.

55 años después me encuentro con la prima hermana de mi madre

55 años después me encuentro con la prima hermana de mi madre

Me encontré una señora mayor que parecía arrancada de la plaza de mayo, con un catalán dulce como un dulce de leche, y un castellano muy
argentiiiinooo. Un sol. Me explicó su vida en 45 minutos, explicándome cosas de mi família como si yo fuera un extraño que no supiera nada… me pareció espectacular y encantadora. Mi madre me había dado un verge de montserrat para darsela… es una señora creyente… esta sola…

El domingo nos levantamos a las 3,30 de la madrugada para coger un avión hacia Recife, Brasil, última etapa del viaje.