Una vez más vía Luciano A. Ferrer, llega esta interesante reflexión.
Los auténticos piratas del arte
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Iñigo Sáenz de Ugarte
Los descendientes de los grandes artistas españoles del siglo XX están a la que salta. Ven pasar un billete de 500 euros y se lanzan
a por él como si fueran testaferros de Marbella.
Los familiares de Picasso ya nos han dado algunos ejemplos de su amor por la pasta, perfectamente compatible con el respeto por el
legado del artista, faltaría más. Si fueron capaces de ponerle el nombre del pintor a un coche, está claro cuáles son los
sentimientos que les conmueven. Los que tienen forma de billete, talón o transferencia.
Las muy respetables personas que tienen la responsabilidad de vivir de las rentas de Miró también pertenecen a la misma cofradía. Ni
siquiera los homenajes les conmueven. Cuando vieron que Google había alterado su logo, como ha hecho en otras ocasiones, para
recordar la obra del pintor en el aniversario de su nacimiento, llamaron al banco y descubrieron anonadados que no habían recibido
ningún ingreso.
Por eso, se pusieron en contacto con Google y les advirtieron que por ese camino iban a acabar en los tribunales. Como diría la
SGAE, ¿cómo van a trabajar los artistas si saben que décadas después de su muerte sus nietos y bisnietos no podrán llenarse los
bolsillos con este tipo de cosas?